Parir cantando, el parto con tOdO por Grisel Bercovich

GRISEL BERCOVICH lleva un nombre signado por la música, y dicen que la voz sale de mucho mas allá que de la garganta. Desde el mas sensible de los lugares, ella comparte su parto con #RevistaBrutal

 “Desde los nueve años mi vocación y fuente de vida es la música y sobre todo cantar. He estudiado muchos años canto y sigo formándome como música.
Siempre armé propios espectáculos que combinan la música y el teatro.
Hace más de diez años compongo mis canciones y cada vez van ocupando más mi decir; aunque se que el tango por algún motivo que desconozco siempre me ha convocado y provocado como artista” (Grisel Bercovich)

PARIR CANTANDO
El parto con tOdO por Grisel Bercovich

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Se usa decir “fue un parto “cuando algo nos cuesta mucho…
Yo tenía mucho miedo del parto y sin embargo deseaba que fuera natural. Siempre quise eso, desde chiquita. Mi embarazo tuvo sus dificultades aunque no graves. Náuseas, dudas, diabetes gestacional…
Semanalmente, con Federico, mi compañero, teníamos encuentros con Adriana en los que charlábamos y hacíamos trabajo corporal y vocal (con la pelotita de tenis, con la A, con la O, con los flota- flota, caminando, haciéndonos masajes). Entendimos que el espacio para parir estaba. Había que ayudar a que esa expansión se produjera.

El día se acercaba…teníamos fecha programada para el 23 de abril. Yo deseaba que se desencadenara solo, pero por mi edad y la diabetes gestacional no podíamos pasar de la semana 39.

El lunes 23 de abril a las 11.30 hs ya estábamos en el “Sanatorio Anchorena”. Bolsito preparado, nos encontramos con Andrea, la partera (la habíamos conocido antes porque trabaja con Delia, nuestra obstetra).

Yo estaba aterrada y empecé a dudar acerca de si estaba preparada. Me asustaba el dolor, no resistirlo… no sabía a qué se parecería. Me hicieron algunos controles y ya en la habitación, me pusieron un goteo con oxitocina . Se suponía que eso iba a provocar las contracciones necesarias.

Caían las gotitas en mi cuerpo… y nos pusimos a cantar… O o o o o

Empezamos con una O eterna e interminable. Grande, expansiva, generosa. Fue esa O la que nos acompañó durante todo el parto. Todo, tOdO…

También canté una canción mía que es la “Baguala del miedo” y dice así: “…que se vaya el miedo que se vaya, con la luna rojita y mojada, que la angustia se cuele y también caiga que se vaya con la lunita parda…”.
Ese evento, que fue el preludio del parto, me llevó a conectarme con la misma energía que me habían generado las tomas ayahuasca años atrás. Situaciones de entrega total que piden asimismo una entera confianza en uno y en tOdO.
Federico, mi compañero, estaba ahí tan presente como yo. Cantamos esa O los dos juntos. Andrea nos dejó solos. Seguimos cantando… no quería que se cortará el hilo de música que era cuerpo y no dejaba que el pensamiento invada con pedidos de entender desde lo racional.

Seguimos cantando y Andrea me hizo un tacto.
Algo cedía y se dilatada, lento…
Seguimos cantando y estábamos en 5 de dilatación.
Pasamos a la sala de parto. Tenía cada vez más contracciones. Eran dolorosas pero pasaban. Pasaban y volvían… me daban tiempo para relajarme y eran menos dolorosas de lo que yo había imaginado…
Los tactos me molestaban bastante.
En la sala de parto me dieron la peridural. Le pidieron a Fede que salga. Ese fue el peor momento. No me entraba, o algo así y me tuvieron que dar varios pinchazos.
Empecé a sentir menos dolor sobre todo en los tactos. Ya podíamos cantar un poco menos. Estaba muy dilatada y todo empezó a ser más acelerado… se venía…

Me explicaron como pujar y lo entendí al instante. Practiqué un pujo y llegó Delia, la obstetra…
Las piernas en posición y ya presta para parir. Fede a mi lado vestido de payacito anaranjado…
Delia toma el mando del barco. Me surge una sensación de extrema emoción y de confianza. En Delia, en el proceso, en Federico, en Iván y sobre todo en mí. En la confluencia de años de trabajo como mujer, artista, cantante. Pasaron los talleres y las terapias y pasó como duende el amor dado y recibido…

Era el momento de pujar. Federico estaba muy cerca en tOdO sentido y la O, ya silenciosa, implícita en cada soplo.
Un, dos y en el tercer pujo…salió Iván, Ivancito quien fuera el neonato, cucú o principito unas horas o días más tarde. Fede lloraba de emoción y yo sentí el mayor de los alivios y una sensación clara de que pude/pudimos y de todo lo que venía ahora.
Fue uno de los actos más mágicos de mi vida. Solitario y acompañado. Sólo y compartido. Individual y grupal. Tan misterioso. Tan creativo. Tan presente. Con la fuerza poderosa femenina. Con el infaltable componente masculino. Eso fue parir. Parir a Iván y parirme a mi. Parir un nosotros que Ojalá sepamos y podamos sostener con sabiduría amor y juego y con tOdO el poder de la O. Que es el poder de la tierra y del mundo tan cognoscible como misterioso e incomprensible. Salut!

www.grisel.com.ar

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