La paja en el culo ajeno

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Por Pietro Salemme Silvert

Por estos días #lapuntita se gana un hashtag. Luego de que salieran la luz los chats whatsapp entre el ex – futbolista Diego Latorre y la “autodenominada erotóloga argentina” Natacha Jaitt donde el hombre le pide un consolador para probar la puntita. La tercer pieza de esta historia es Yanina Latorre, y no hace falta aclarar esposa de quien es.

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Tapa del disco de “Wasmatch”

Ya no recuerdo si es el fútbol pasión de multitudes o lo es el culo. El culo que pone de manifiesto algo mas que la pacatería e hipocresía argentina, mas bien muestra su subdesarrollo sexual. En todo este entuerto de infidelidades, cosas ocultas, camaras de seguridad y actos privados que de pronto se vuelven virales y mediáticos, el que toma protagonismo es El Culo. El culo de hombre. Y no cualquier hombre, sino de un futbolista. Pero incluso eso, debería ser poco importante.

Lejos estamos de aquel torbellino amoroso y tortuoso que generaron con su vínculo los poetas Paul Verlaine y Arthur Rimbaud. Paul, un padre casado y Arthur, un adolescente adelantado a las letras de su tiempo. En conjunto, escribieron un “Soneto al agujero del culo” que iniciaba cantando:

Oscuro y fruncido como un clavel violeta
respira, tímidamente oculto bajo el musgo;
el licor del amor todavía lo humedece
y fluye por el leve declive de las nalgas.

Y promediaba:

A menudo mi boca se acopla a su ventosa
y allí mi alma, del coito material envidiosa,
cavó su lagrimal feroz, su nido de sollozos.

Vale la pena leerlo completo, y se encuentra fácilmente.

Llegada a cierta madurez y evolución sexual, un dedo en el culo, termina siendo como una copa de sidra en el paladar de un catador de bebidas blancas. Se le ha otorgado demasiada simbología y valor al culo, olvidando su generosidad. Hay cosas que no tienen vuelta, porque la naturaleza lo quiso así: el Punto G Masculino está en el culo. En tiempos donde la identidad de género no se vincula estrictamente con la identidad sexual, seguir pensando que el culo y sus placeres son patrimonio de los putos, maricas u homosexuales (todos dichos con Orgullo) es un a tontería, pero es también una falta de educación sexual y amatoria. Un subdesarrollo en el camino del buen sexo. Porque el sexo es también un arte en su práctica, y como todo arte: es elitista. No basta con hacerlo. Y quienes reducen un encuentro sexual a un mero meta-y-ponga, están simplemente limitando su mundo sexual. El sexo también se aprende. El sexo también se educa. Pero nada de esto comprenderán aquellos hombres que aun hoy consideran que el orgasmo llega con la eyaculación. ¡Benditos los que hemos descubierto que cada cuerpo es un mapa único, lleno de zona erógenas siempre esperando a ser descubiertas!

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Jara le mete el dedo en el culo a Cavani y provoca su expulsión

El varón argentino es machista, hipócrita, idiota y maleducado sexualmente. Un psicólo que te tuve en la adolescencia, que tenía nombre de emperador romano y apellido de personaje de Cortázar dinamitó uno de mis morbos en menos de un minuto. Ante mi relato de que me excitaba cogerme heterosexuales, me dijo que dos hombres teniendo sexo, son dos hombres homosexuales. A luz de las décadas y de mi biografía sexual, corregiría al psicólogo. He tenido amigos que me han contado que siempre tuvieron sexo con pares, es decir, con otros gays. Quiza mi biografía tenga en su prontuario sexual más hombres casados o de novio con mujeres que pares. Y hay muchos puntos aquí. Pero solo me detendré en algunos. Para empezar, no creo que esos hombres que llevan una vida hétero sean putos por estar con otro  escondidas. A estos tipos los llamo lisa y llanamente: cobardes. No me vengan con el cuento de la heteroflexibilidad, ni tantas pavadas que buscan los hombres del presente para justificar la sexualidad. Se puto, marica, gay, homo, es una construcción personal, llena de peleas, orgullos, disgustos, amores. No vamos a darle la chapa a cualquiera que se agache a chupar una pija en un baño y luego vuelva con caramelos para sus niños y encuentre a su mujer con la comida lista. No. Las cosas por su nombre. La comunicad homosexual tiene una historia y tenemos que hacerla valer.

Por otro lado, lo mas típico es que estos “cobardes” que las maricas nos levantamos porque nos atrae esa cosa chonga, a veces un poco desalineada, rustica, que viene acompañada de profesiones como camionero, obrero de la construcción, etc. terminen siendo mas maricas que una, ni siquiera eso, mas chillonas y señoritas que uno. Y de pronto, el macho de dos metros, corpulento, que labura en una cuadrilla, se baja los pantalones de grafa y trae una tanga puesta. Y sonríe con pudor al decir que es de la esposa. “Reventame el culo. Tratame como a una puta”. Y es que estos hombres mínimos se quedaron en ese invento heterosexual del activo y del pasivo. Peor aún, se quedaron en esa imagen de dos homosexuales donde uno debe hacer de hombre y otro de mujer. Siempre digo que hay un simple ejercicio, si sos un curios@ sobre este tipo de personajes y es el siguiente: Todos tienen un amigo puto, pues bien, pidele que te muestre su agenda de contactos whatsapp, seguramente verás padres sonriendo junto a sus hijos o esposos amorosos, o la típica foto familiar como perfil de la aplicación. Si indagas un poco, también podrás ver la foto del señor en cuestión afeminándose y entregándose desde lugares de extrema sumisión.

“El que culo toca, pija quiere” – me dijo con una sabiduría ancestral un adolescente hace muchos años. Llevaba unos pantalones de rugby cubiertos de barro. Y las pantorrillas embarradas. Nos hicimos amigos.

Ya las esculturas más significativas de la historia del arte, resaltan el culo de esos hombres esculturales o no. Estoy convencido de que el culo masculino terminó siendo el modelo que los cirujanos plásticos siguieron para hacerle a las mujeres esos culos que si bien pueden enloquecer a los varones, se alejan de lo que es un culo de mujeres. En las últimas décadas, la televisón y las revistas de llenaron de mujeres con culo de hombre.

Que un hombre disfrute por el culo no lo convierte en homosexual. Ni siquiera en bisexual. Solamente es un hombre hace uso de una de sus zonas erógenas. Para llegar a quitarle el terrible peso a este pequeño acto de libertad sexual, hay que abolir aquellas creencias donde el poder lo lleva quien penetra y la sumisión quien recibe el falo. Abolida esa instancia moral y cultural, puede ser luego capitalizada para otro uso, desde juegos S&M a alguna de las parafilias de las que tanto se habla últimamente.

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