Eduardo Balestena, las novelas elegidas

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Eduardo Balestena es melómano, motociclista, aviador, un viajante nato y un escritor incansable, que ha llegado con sus novelas a diferentes latitudes, siempre impulsado por su propio motor, lejos de la burocracia de las grandes editoriales. En esta nota para #RevistaBrutal nos cuenta las vicisitudes de sus dos últimas novelas. 

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Por Eduardo Balestena

El Perfume de la Madera y La línea del Ecuador, novelas que fueron finalistas del Concurso Contacto Latino (y destacada como una de las diez mejor escritas) y del Concurso Mis Escritos, constituyen experiencias distintas con respecto a las novelas anteriores.
De historias crudas, del propósito de que cada novela fuese concebida de un modo propio y formalmente distinto a las anteriores pasé a la idea de narraciones llanas, intimistas y sin complejidad conceptual, pero que mantuvieran, como las demás, el protagonismo del lenguaje.
Por primera vez tuve la oportunidad de que el material fuera evaluado en una editorial grande y desarrollé El perfume de la madera -escrita entre marzo y mayo de 2014- como una historia de amor en el marco de las actividades del anarquismo combatiente de la década del 20. Me pareció que el potencial novelístico de sus historias era muy grande y que se trataba de episodios no abordados ficcionalmente antes.
Demás está decir que jamás recibí ninguna respuesta sobre esa novela ni sobre la posterior La línea del Ecuador.
Desarrollé El perfume de la madera a partir de un diario y de una tarjeta de amor de 1915 que estaban entre las pertenencias del segundo marido de mi abuela, que murió en 1971.


Si bien la novela fue concebida como una escritura de menor complejidad con respecto a las anteriores, sin citas explícitas ni un trabajo de intertextualidad, sí hubo varios ejes dados por distintas obras.
De este modo, mi modelo de escritura para la reelaboración del diario fue La brasa en la mano, de Oscar Hermes Villordo. Busqué la tensión del lenguaje, que esa tensión estuviera dada por el hecho de que es la propia subjetividad sus pulsiones y deseos, lo capaz de tensar el lenguaje y conferirle esa belleza que reside en aquello diferente que la palabra puede testimoniar. El lenguaje no es la expresión de un sentimiento sino un sentimiento.
Otros textos trabajan en la novela: Memorias de Adriano; Opus Nigrum; La edad de la inocencia: las ideas de un mundo errante, un mundo inmóvil, un mundo que desaparece y se reorganiza, algo que quedó atrás en el tiempo pero que vuelve en un círculo, son constantes.
Hay dos tiempos en la narración: 1923 y 1988. En uno asistimos al desarrollo de la historia de amor y en el otro al hallazgo del diario y al cierre de la historia. Es a partir del final de la historia de amor y del pasaje definitivo del primero al segundo tiempo que la novela se independiza, su propósito inicial es relegado y una nueva escritura aparece.
La línea del ecuador, escrita entre septiembre y noviembre de 2014, responde a una unidad de espacio y de tiempo: transcurre a lo largo de una cena en el Golf Club de Playa grande, en que dos amigos –Mariana y Aritz- se cuentan las alternativas de sus vidas y los amores que han vivido.
Si bien la temática es similar, el tratamiento es muy diferente, se trata de un abordaje más realista, con un trabajo del lenguaje descriptivo del espacio y las sensaciones gustativas y un fuerte cuestionamiento de la vida cotidiana, que va pasando a convertirse en una finalidad en sí misma, que sepulta aquella intensidad primordial del amor y la asfixia. En alguna parte está prisionera aquella mujer de la cual el personaje central se enamoró una vez y otra tomó su lugar.
La novela adopta un tono intimista y concentrado que se intensifica a lo largo de sus siete capítulos.
El final responde a la necesidad de cambiar esa atmósfera cerrada en una posibilidad, la apuesta al riesgo, a la felicidad y la revelación de que nada es para siempre.

Las nos novelas fueron concebidas ante la aparición de una editora que jamás volvió a dirigirse a mí ni a responder a mis mensajes.
La editorial Biblos las rechazó sin leerlas –las envié un viernes y me las rechazaron un sábado, pese a publicar obras de narrativa. Gastón Gallo, de Simourg también rechazó El perfume de la madera, que, según él, estaba muy por debajo de la calidad que quería para su sello. Luego de haber resultado finalista en la edición 2015 del Concurso Internacional Contacto Latino, la editorial Puente Aéreo de Mar del Plata ni siquiera quiso considerar evaluarla.
Dos novelas rechazadas, dos novelas destacadas en dos concursos internacionales.

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