No te lamentes, lesbiana!

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No te lamentes, lesbiana!!! Sacarse el bozal a los 85
por Pietro Salemme Silvert

Ivonne Cavallero tiene 87 años. Comenzó a escribir a los quince años, aburrida por la cuarentena del sarampión, bajo la manta roja con la que su abuela la tapaba. Durante 75 años guardó esos cuadernos. Hasta que en 2013 decidió “sacarse el bozal” como ella dice, y publicarlos. Quería que su primer libro de poemas se llamara “Desde el corazón”. Pero el editor recurrió a uno de los poemas llamado “Amor prohibido” que lleva entre paréntesis el (lamento de una lesbiana) y le propuso con ojo marketinero nombrarlo “Lamento de una lesbiana desde el corazón”. En el lamento, Ivonne es Yamile Racca, seudónimo que eligió fusionando el nombre de una compañerita de la infancia y el de su gata, de quien dice que es la hija de su vejez, la que llegó al morir su compañera con la que compartió 35 años devida “me borro la sombra de la soledad y me hizo ver la luz del día”.
Ivonne es maestra normal, católica apostólica romana e hincha de river por herencia y evangélica por elección. Aunque luego de un acv el médico le prohibió volver a la iglesia sugiriéndole que ore en su casa. También dejó de discutir con el pastor, a quién en más de una oportunidad le dijo “Yo te daría un libro para la biblioteca de la iglesia, pero no te lo doy porque no lo vas a poner. ¿Por qué le cierran la puerta a los homosexuales, a las lesbianas? ¿Por qué? ¿Por qué?”… ¿Y qué te contesta el pastor? -le pregunté. “Porque esto y lo otro”
Yamile e Ivonne son muy parecidas. Tienen un hablar de otra época, un tiempo detenido, un cierto lamento, donde la propia homosexualidad parece tener las reflexiones de otros, lejanos discursos que aún perduran: “Antiguamente al gay se lo echaba de la casa, condenado al ostracismo o se suicidada. Yo tuve un amigo que se mató. Y las lesbianas debían dedicarse a la prostitución para subsistir, porque las expulsaban del hogar. Había un sector enorme de la sociedad que nos llamaba anormales, a ese sector, por carecer de sensibilidad yo los llamo mutilados.”

Sale poco pero cuando lo hace, llevados ejemplares en la cartera y una birome roja para firmarlos. Siempre encuentra a quien regalarle uno y en el mejor de los casos vendérselo.
El libro está dedicado a su madre quien “…Elegía mis juguetes, / más a su gusto que al mío / y así como al descuido / como si fuera una muñeca, / escogía mis vestidos, / que parecían de fiesta…”, a su abuela y a su gatita raza darco.

“…Varón deseaba mi padre,
y varón también mi madre.
¡Mujer! Gritó la partera
y yo nací a mi manera…”

Los poemas de Yamile Raca manifiestan una cierta inocencia. Y dejan en evidencia parte de esas historias que durante toda una vida, se mantuvieron en silencio, y que al animarse a gritar, la voz es una afonía que lastima.

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