Federico Klemm y Carlos Robledo Puch

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Foto Fundación Federico Klemm

Federico Klemm y Carlos Robledo Puch
Un joven de 20 años no puede vivir sin plata y sin coche
Uno tenía 26. El otro, 19.
El de 26, Federico, había llegado a la Argentina en 1948, con cinco años. Venía de Checoslovaquia con sus padres. Nadie hablaba del oscuro pasado nazi del padre. Lo recibió bien el gobierno peronista a su papá: el poderoso industrial checoslovaco introduciría el pástico en el país.
El de 19, Carlos, tampoco quería a su padre, un poco más modesto que el checoslovaco. El padre de Carlos era inspector para el interior de la General Motors. Vivían bien, en Olivos, iban a misa los domingos.
Carlos estudió piano cuand era chico con la profesora Virgina Dávalos, que lo recordó como “tímido y correcto”.
Federico estudó canto lirico con Ruzena Horakova. Tambié era tímido, muy tímido. Pero no parece que alguna vezCarlos y federico se hayan juntado a hacer música. O quizá sí.

“… Terminaban los 60 y los dos estaban apurados, muy apurados. Es increible lo vertiginosa que es la vida cuando todo queda allá adelante y cada día es un misterio.
Fedrico iba al Instituto Di Tella* y compartía happenings con Marta Minujin y Oscar Masotta.

Carlos robaba su primera moto. Era una maquina “pichicateada” con la que cruzó la ciudad pensando en nada. En nada. Que se rieran ahora quienes lo llamaban “Colorado”, ese apodo que tanto odió.
Federico coonoció la cárcel muchas veces. No le importaba nada. Habpia desafiado todas las exectativas quese depositaron en el. Sería libre.
Carlos conocería la cárcel de una vez y para siempre. Ya nunca sería libre. Todo ocurriría muy rápido…
Federico se cruzó con Carlos. Se miraron discretamente, se iba a caer oreso, Federico queria al menos primero disfrutar del sexo que esa mirada azul prometía…”

“… Se encontraron dos veces.
Fueron rápidamente amantes. Quien sería uno de los más importantes artistas y mecenas del arte pop argentino y que recibiría en los 90 una millonaria herencia que volcaría hacia el arte se juntaba con un voluntario lumpen de clase media. Esa promiscuidad no era solo sexual, era también social, lo que para muchos era peor aun. A fines de los 60 las clases sociales tenían pocas oportunidades de mezclarse: la cama era una de ellas y estos jóvenes no la desperdiciarían Quizá Carlos le haya dicho a Federico su frase de cabecera de esos días: “Un joven de 20 años no puede vivir sin plata y sin coche”. Federico, seguramente, lo ayudo a cumplir algún pequeño sueño de consumo.
El 11 de Febrero de 1972, el diario Crónica, suponiendo que Carlos Eduardo Robledo Puch (acusado de haber matado a once personas) era homosexual, alguien escribió: “(…) sumaría a sus tareas criminales otra no menos deleznable”.
Federico Klemm leyó el diario.
Es probable que haya sonreído.

(Los datos sobre Robledo Puch (excepto los referidos a su relación con Federico Klemm) fueron aportados por Osvaldo Soriano: “El caso Robledo Puch”, La Opinion (Buenos Aires) (27.2.1972). Los que confirmaron la relacion con Klemm, lo hicieron, como testigos directos, en entrevistas conmigo, aunque en estricto off the record)

Fragmento del libro “Historia de la Homosexualidad en la Argentina – De la conquista de America al siglo XXI, de Osvaldo Bazan. Marea Editora, Buenos Aires, 2006

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Robledo Puch, ayer y hoy.

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